Educación natural para tu hijo

Autor: Orlando Eijo

Fecha: Julio 2010

1. Introducción

2. Primeras nociones de los mecanismos naturales

3. El animal humano basa su éxito en la calidad más que en la cantidad

4. En los primeros años de vida

5. Errores en la primera etapa

6. El contacto

7. Prólogo del libro "Educación natural para tu hijo"

8. Invitación para profundizar en el tema

1. Introducción

Imagina por un momento que tuvieras que criar y educar a tu hijo en un medio salvaje. Donde diera sus primeros pasos entre serpientes y depredadores.

¿Cuánto crees que duraría su vida en esas circunstancias?, y ¿tu equilibrio nervioso dónde estaría?. Sin embargo los animales lo hacen. Enseñan a sus hijos a cazar, a cuidarse de ser cazados y a evitar peligros topográficos, sin que por ello observes a madres y padres alterados y nerviosos. Con total confianza realizan el trabajo de guiar e inculcar a sus crías seguridad y calma mientras que su lazo de amor, lejos de alterarse, se acrecienta día a día.

Imagina ahora, los peligros a los que está expuesto tu hijo en casa, con disyuntores de electricidad automáticos, equipos electrónicos de seguridad para las piscinas, juguetes de materiales especiales y con piezas de tamaño que no puedan tragarse, a todo esto las primitivas madres humanas los criaban sorteando precipicios mientras sus hijos aprendían a gatear.

Si hoy debiéramos criar a nuestros hijos en esas circunstancias, no solo morirían casi todos a temprana edad, sino que madres y padres llegarían al suicidio o la locura a causa del stress. Los lazos familiares se destruirían, y ni pensemos en las consecuencias psicológicas de los adolescentes que sobrevivieran a tan estresante niñez.

Pensarás que muchas crías humanas morían en épocas primitivas, pero puede demostrarse de manera simple que una tasa de mortalidad elevada nos habría extinguido como especie a causa de nuestra baja capacidad reproductiva.

Este planteamiento es el que me hice al educar a mi hija, la cual hoy es ya una maravillosa adolescente, feliz, alegre, juvenil, segura, además de responsable y cariñosa.

Como educador de animales y estudioso del comportamiento pedagógico salvaje me llamaba poderosamente la atención ver a algunas madres humanas zamarreando a sus hijos por las calles acompañados de gritos. A los hijos caprichosos en las tiendas que tocaban todo lo que no debían o se dirigían a la calle peligrosamente, mientras sus madres corrían detrás exasperadas.

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¿Porqué un cabrito de la montaña sabe desde tierna edad que no debe acercarse a determinadas partes de un precipicio? ¿son acaso más inteligentes que nuestros hijos?, sin duda que no. Nuestros hijos alcanzan a los 2 años el grado de inteligencia de un lobo adulto, y a los 6 el de un chimpancé, para superar intelectualmente a partir de esa edad a todos los animales.

Estos métodos son los mismos que me permitieron que mi hija se criara en una relación distendida y cariñosa, donde los lazos se han fortalecido.

A los 11 meses daba sus primeros pasos y si se dirigía a un lugar peligroso, yo solo debía decirle que no, con total calma, para que ella se aleje del sector y venga a buscar afecto conmigo como cualquier cachorro animal con sus padres.

Esta relación tan simple y natural, no solo te dará resultados inmediatos en la primera infancia, sino que facilitará las cosas en la conflictiva etapa adolescente, cuando ya los peligros son diferentes, pero no menos graves.

2. Primeras nociones de los mecanismos naturales

Existen una cantidad de elementos comunes en la naturaleza de los mamíferos.

  • La manera en que se desatan los instintos de padres y cómo se forman o rompen los lazos con los hijos
  • El tipo de estructura pedagógica y de entendimiento
  • El sistema de normas y penalidades sociales

Todo nos hace ver que estamos en presencia de una conducta innata. El comportamiento que controla nuestras capacidades como padres cuenta con herramientas sólidamente grabadas en nuestra memoria genética.

Nos asombra ver cómo una perra primeriza cría a sus hijos sin necesidad de que nadie le enseñe como hacerlo, y sin embargo la hembra humana está en condiciones de hacerlo si pudiéramos quitarle de encima la carga que le impone la conducta social, las malas influencias del entorno que no hacen otra cosa que complicar su normal desenvolvimiento, haciéndola sentir torpe como madre cuando en realidad tiene consigo un perfecto manual para comportarse como una experta.

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En los primeros meses

Pongamos un ejemplo. Muchas personas rodean a la madre para explicarle cómo debe hacer para querer más a su hijo, cuál es la mejor manera de crear un fuerte lazo. La ayudan a parir, le bañan su bebé, lo alojan en una nursery, y se lo prestan de a ratos delicadamente arropado y perfumado. Todo esto para que resulte agradable tenerlo y para que no la moleste en su descanso, porque si ella es molestada por su hijo permanentemente en ese estado, se cree que puede arruinar la buena relación maternal, rechazando inconscientemente a su bebé a causa de su agotamiento.

Una hembra sin estas influencias pare a su cría y la limpia ella misma, ese primer contacto desata un lazo que pone en marcha el resto de su programa genético, sus instrucciones de madre.

El cachorro queda con la madre, nadie lo quita ni ella lo permite.

Veremos en este libro cómo se desatan entonces los mecanismos maternales paso a paso.

Pero no pretendo convencerte de que debes parir sin ayuda ni limpiar a tu bebé. Lo que pretendo es que solo aceptes la ayuda, pero dentro de lo posible que no sean desperdiciados los primeros minutos fundamentales de tu hijo aislándolo de ti. Cuanto más cerca lo tengas mejor será su desarrollo y tu relación con él.

Iremos analizando esto paso a paso, pero ahora veamos un ejemplo de cómo puede influir, a qué grado puede llegar, este tipo de mecanismo.

A una clínica ginecológica llegó en 1974 una mujer con un embarazo a término declarando que quería dar a su bebé en adopción, ya que bajo ningún punto de vista le interesaba conservarlo. Decía no estar preparada para la maternidad, que arruinaría su vida y la del niño, y que por lo tanto era mejor que otra mujer mejor predispuesta lo tuviera.

El profesor de ginecología, de quien no se da su nombre, decidió realizar un experimento con resultados muy reveladores.

Lo usual en estos casos, que son muy frecuentes, es retirar el bebé recién nacido sin que la madre tome contacto con él, colocarlo en incubadora y ubicarlo con una familia adoptiva sin que la madre biológica nunca sepa su destino.

En este caso el médico no retiró el bebé luego del parto, sino que lo dejó con la madre varias horas.

Posteriormente le indicó que debería cuidarlo unos días porque no había encontrado aún a la familia adoptiva adecuada. No lo dejó con la madre 6 veces al día por 20 minutos para su amamantamiento, como es regular, sino un total de 5 horas diarias. En esos lapsos lo entregaba completamente desnudo, solo con una protección en el cordón umbilical. Así permanecía largos ratos en estrecho contacto corporal con la madre en su cama.

Al cuarto día el médico entró a la habitación para pedirle el bebé diciéndole que por fin había encontrado a una familia ideal para él, y que sería dado en adopción de inmediato como ella había pedido.

La mujer se negó rotundamente, aduciendo que era su hijo y que no había fuerza en el mundo capaz de arrebatárselo.

Durante los siguientes 6 años el profesor hizo un seguimiento de la madre y su hijo de manera discreta.

Realizó observaciones de la madre y el niño en sus paseos sin que se dieran cuenta, hizo consultas a parientes, amigos y al propio médico de cabecera. Todos coincidieron en una sola cosa: era la mejor madre que podría tener un niño.

La misma madre que no tenía ningún interés por su bebé, que quería deshacerse de él inmediatamente después del parto, se había convertido en una madre luchadora y abnegada, con un lazo tan firme como una madre animal. La causa sin dudas, fueron los mecanismos puestos en marcha durante esos 4 días de experimentación en la clínica, mediante el método natural de creación del lazo materno.

No es este el único software instalado en la madre como parte del paquete básico de sus utilitarios. La mujer cuenta como todas las madres animales con un esquema pedagógico perfecto, capaz de hacer que un niño aprenda rápidamente a sobrevivir en un medio hostil.

3. El animal humano basa su éxito en la calidad más que en la cantidad

Las condiciones antinaturales de la actualidad corrompen esos programas y no los dejan funcionar correctamente, pero si los incentivamos y ponemos en marcha, verás que puedes educar a tu hijo de la manera más eficiente y fluida, al igual que las madre primitivas lo hacían.

Pensarás que muchas crías humanas morían en épocas primitivas, pero sólo haz esta cuenta: el promedio de vida era menor a 30 años, criar un hijo demandaba hasta los 12 años como mínimo, edad a la que se los considera adultos en tribus actuales que conservan costumbres primitivas, y es la edad en que culturas actuales, por tradición, realizan rituales de pasaje a la mayoría de edad, tales como la Confirmación en los católicos, el Bar Mitzva de los judíos y la Circuncisión de los islámicos. La edad reproductiva de la madre comenzaba entre los 12 y 15 años, con una capacidad promedio de un hijo cada 3 años debido a determinadas circunstancias fisiológicas que analizaremos. Por lo tanto una hembra humana estaba en condiciones de criar un promedio de 3 a 4 hijos en toda su vida.

Como parámetro, un orangután hembra puede tener un hijo cada 5 años promedio, son los primates con mayor coincidencia cromosómica con nosotros.

El humano primitivo era monógamo, por lo que dos humanos de una generación invertían su vida entera para que en la próxima generación haya 3 a 4. Una de las tasas de crecimiento entre generaciones más bajas del reino animal, y sin embargo es la especie animal más exitosa del planeta. Extendida por toda la superficie de la tierra. Como ves, si hubiera habido una alta tasa de mortalidad infantil la especie humana se habría extinguido rápidamente.

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4. En los primeros años de vida

En los animales este periodo varía en función de la especie. En el humano se extiende desde los seis meses y hasta los dos años o algo más.

Aquí empiezan la normas básicas de convivencia. Los mecanismos de educación son similares a los de otras especies animales.

El concepto de "timing" que aplicamos en adiestramiento animal es el mismo que aplican los animales para educar a sus crías, y también es el que naturalmente surge de una madre humana, pero es reprimido por la cultura.

Ahondaremos sobre este tema, pero básicamente digamos que el timing es la coincidencia en el tiempo entre una conducta indeseada y un gesto de desaprobación, seguido por la corrección y el gesto de aprobación correspondiente.

Pongamos un ejemplo:

Pablito de un año de edad pinta la pared con su lápiz.

La madre lo regaña firmemente.

Pablito deja de pintar la pared y mira a la madre con sorpresa, intentando buscar en el rostro materno la causa del regaño.

La madre debería en ese instante sonreírle, haciendo coincidir al acto de dejar de dibujar con su sonrisa y su aprobación tierna y amorosa.

Si Pablito vuelve a escribir la pared, la madre vuelve a regañarlo firmemente.

Al dejar de nuevo su actividad y mirar a la madre buscando la causa, la madre debería nuevamente sonreírle con ternura.

El "timing" es la manera en que se grabarán en la mente del bebé ambas coincidencias. Generando un rechazo automático a la escritura en la pared, ya que el niño asociará ese acto con algo desagradable, como es el regaño. Y asociará el no escribir la pared con la sensación agradable de cercanía materna a través de la aprobación.

¿Porqué no se hace así?. Presta atención y verás que NATURALMENTE la madre tiene el impulso a actuar de esta manera, pero es desviada esta tendencia por la cultura y el raciocinio.

Descubrirás que una madre siempre expresa "cuando deja de pintar y me mira con esa carita, dan ganas de comerlo a besos .... pero no debo mimarlo, debo mantenerme firme, si no lo hago después no aprende".

Entonces en lugar de aprobar el acto de abandonar el pintado de la pared, cuando el bebé deja de hacerlo ella continúa con su regaño. El niño no puede entonces relacionar el regaño con pintar la pared, ya que no está presente sólo en ese acto sino en todo momento.

Si yo toco la puerta y me da electricidad, dejo de tocarla y ya no siento electricidad, la vuelvo a tocar y nuevamente me da electricidad, dejo de tocarla y deja de darme electricidad ... rápidamente asocio ambos hechos.

Si toco la puerta y me da electricidad, dejo de tocarla pero sigue dándome electricidad, me alejo y sigo sufriendo las descargas ... ¿cómo puedo yo saber qué es lo que me causa esta sensación desagradable? ¿cómo voy a asociar la puerta con la electricidad?

En un cerebro de un bebé de menos de dos años, con una inteligencia inferior a la de un cachorro de lobo y mucho menor a la de un chimpancé, es imposible pretender que entienda otra cosa que el timing.

Por eso la madre quería inicialmente "comerlo a besos". Esa era la respuesta acertada y no la continuidad del regaño.

Como ves, la tendencia instintiva era justamente orientada a hacer lo correcto, pero al razonar demasiado el hecho termina cometiendo el error de desaprovechar el timing. Técnicas grabadas por millones de años en nuestro cerebro que se desperdician por pensar demasiado y no dejar que el instinto de padres nos oriente como debe.

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5. Errores en la primera etapa

El llanto del bebé

La enfermera que asistía al pediatra de cabecera de mi hija arrebató amable y sonriente a Ayelén de los brazos de mi ex esposa. Juanjo es un pediatra excelente, asistió a mi hija desde el mismo instante del parto y durante toda su niñez.

La enfermera no quiso ser descortés, solo quiso ser eficiente en su tarea. Antes de que Juanjo la revisara, ella tomaría notas de sus cambios físicos. Hábilmente manipulaba a mi hija con seguridad y maestría. La estiró para medirla, la colocó velozmente en la balanza, pero no alcanzó a anotar su peso cuando yo había recuperado a mi hija y la apretaba contra mi pecho hasta que cesó de llorar.

Arrancada de los brazos maternos, la pequeña de menos de dos meses de vida pensaría sin dudas que había sido atrapada por un depredador, y que iba a ser devorada sin compasión. ¿Crees que exagero?. La mente instintiva de mi pequeña reaccionó con su única herramienta para salvar la vida, el terror que deriva en un fuerte llanto para alertar a los padres de que corre peligro. Así lo han hecho nuestros antepasados durante millones de años.

"¿Qué pasó?" preguntó Juanjo que había estado de espaldas buscando unas fichas de anotaciones en sus archivos. Con la cara de mi bebé contra mi cuello yo le siseaba al oído para calmarla. La puse en el cuello porque al estar vestido era la única parte en donde podría tener contacto directo con el cuerpo, y ella reconocería mi piel rápidamente, sabiendo que estaba ya segura y fuera de peligro.

Poco a poco los espasmos de su llanto fueron desapareciendo.

Mi ex esposa y yo explicamos lo sucedido, y Juanjo, que jamás habría prestado atención a ese detalle, le indicó a su asistente "tienen razón, despacio, con calma que hay tiempo".

Reiniciamos la operación del pesaje lentamente, sin dejar de tocarla hasta que estuvo realmente segura y calma. Toda la revisión se hizo teniendo en cuenta su estado de ánimo, evitando que vuelva a sufrir ese miedo a la muerte, que es en definitiva lo que provoca el llanto de un bebé de esa edad cuando se siente en peligro.

Los sucesivos controles médicos se realizaron de la misma manera, y mi hija aprendió que no corría peligro alguno en los consultorios con mucha rapidez.

Más adelante un dermatólogo que le revisaba una uña encarnada a la edad de 18 meses se sorprendió de lo tranquila que resultaba en su consultorio.

A los 2 años sufrió un corte en el arco superciliar. El cirujano de urgencia que la atendió dijo que había que suturarla. Ayelén solo se limitó a tomar la mano familiar mientras se entregaba a la ciencia médica en el quirófano. Con anestesia local, el cirujano pudo trabajar con tanta tranquilidad que no quedó prácticamente ningún rastro de la cicatriz en la ceja.

¿Valió la pena respetar los instintos naturales desde el principio verdad?

Veamos como habría actuado un animal en este caso.

Las madres animales solo pueden hacer una cosa cuando sus crías pequeñas lloran: ir a socorrerlos. Más adelante las cosas van a cambiar, pero en los primeros días o meses, según la velocidad de desarrollo de cada especie, las madres animales cuentan con un sistema automático que dispara su conducta instintiva ante el sonido de la cría.

Verhaltensstudien an Katzen - Paul Leyhausen - 1973

El Profesor Paul Leyhousen, jefe del grupo de trabajo Wuppertal del Instituto Max Planck de Fisiología del Comportamiento (Munich), investigó esta reacción en gatos monteses.

Separado un gatito de su madre a unos metros de distancia, éste reacciona primero con un corto maullido. La madre se estremece, pero no abandona al resto de su camada. Al segundo maullido la madre se sienta sobre los cuartos traseros, y permanece así expectante. Al tercer maullido se incorpora, pero sigue junto al resto de las crías semi agazapada. Al cuarto maullido va en busca del cachorro y lo trae de regreso con sus hermanos.

Este comportamiento se repitió exactamente igual con todas las gatas de monte en todas las ocasiones en que se observó. Funciona como un contestador telefónico automático que atiende a la cuarta llamada. Ni el aparato contestador ni la gata montes pueden evitar reaccionar como han sido programados, al cuarto llamado atenderán automáticamente.

¿Porqué al cuarto y no al primero?, porque la gata tiene otros gatitos que cuidar, y cuanto menos se levante menos peligro correrán los demás. El gatito alejado está a su vez programado para reptar empujándose con pata y mano de un solo lado, con lo que se moverá en círculos que se amplían, trazando una espiral, que generalmente hace que se tope con la camada en algún punto. Pero si no lo logra por alguna piedra o accidente en el camino, al cuarto maullido desatará la reacción de su madre.

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Las madres humanas están también programadas para reaccionar ante el llanto de sus bebés.

Una madre duerme en la noche y su cerebro filtra todo tipo de ruidos, puede llegar hasta caerse el techo y no se despierta. Pero basta que su pequeña cría respire de manera diferente para que la hembra humana se despierte completamente lúcida y vaya en su auxilio.

¿Qué hace que una madre humana no actúe instintivamente entonces?, simplemente es culpa de la cultura.

Se le repite incansablemente que si atiende a su hijo cuando llora lo convertirá en un tirano dispuesto a llorar para obtener lo que quiera.

"Los niños deben llorar para desarrollar pulmones fuertes" le dicen, entre otras estupideces, desde todos los ángulos, reprimiendo así su natural instinto que, como hemos visto, habría solucionado muchos problemas en el futuro de haberse oído a tiempo.

En Baltimore, la profesora Mary Ainsworth y sus colaboradores, estudiaron durante un año las reacciones maternas ante el llanto de sus bebés.

Los resultados fueron sorprendentes. Todos aquellos bebés que durante los primeros 3 meses de vida fueron consolados y tranquilizados cada vez que lloraban, al llegar a los 9 a 12 meses lloraban mucho menos que los que no habían sido atendidos de ese modo.

Es decir, que la teoría popular que dice que un bebé que es atendido cada vez que llora se transforma en un especulador que esclaviza a su madre en el futuro, no tiene ninguna razón científica, ni biológica ni moral, y si se me permite, tampoco tiene razones prácticas. Porque los niños que no fueron atendidos en los 3 primeros meses serán más molestos en el resto de su vida.

Entonces deja que tus instintos hagan lo que deben hacer. Hasta los 3 meses tu hijo necesita que lo ayudes a calmar su miedo al medio ambiente. Después es otra historia, pero hasta los 3 meses ningún bebé se malcría porque lo atiendas cuando llora.

6. El contacto

The role of the hartbeat in the relations betwin mother and infant - Lee Salk - 1973

La razón, como hemos visto, es que se debe equilibrar la angustia del bebé para que pueda desarrollarse normalmente. De esa manera se aceleran los procesos de aprendizaje.

En la clínica de maternidad del Dr. Lee Salk (investigador de la Universidad Cornell, Ithaca, Nueva York) fueron colocados pequeños parlantes en las almohadas de los bebés, en las cunas de la sala de nursery. Los parlantes reproducían los latidos humanos a ritmo normal de 72 pulsaciones por minuto.

El tiempo de llanto se redujo del 60% de la vigilia al 38%. Sobre 5 horas diarias que permanecían despiertos, lloraban 3 horas, y con la escucha de los latidos se redujo a 2 horas diarias.

Por regla general lo niños recién nacidos pierden peso corporal durante los primeros cuatro días de vida, pero en este caso no solo no lo perdieron sino que lo ganaron de manera continuada.

Siempre se ha pensado que la pérdida de peso es natural en los primeros días de vida, pero luego de esta experiencia pudo deducirse que dicha pérdida no es tan natural como se creía, sino causada por el estrés y el terror causado en los bebes al dejarlos llorar en las salas de los ruidos, como se llamaron en una época a las salas nursery donde se almacenada a los bebés para que lloren y "desarrollen fuertes pulmones" (qué increíble idiotez!!!)

Si el simple sonido de los latidos surgidos de un altavoz en la almohada eliminó la pérdida de peso corporal podemos deducir que es sólo eso lo que el bebé percibe de su madre?

No, en absoluto. El hecho de que los latidos haya tenido ese efecto no significa que sea el único límite que pueda alcanzarse en la velocidad del desarrollo del bebé debidamente cuidado por su madre.

En una clínica de los Estados Unidos se comprobó que los bebés prematuros masajeados y tocados varias veces al día registraban un crecimiento superior al grupo de los prematuros que no fueron masajeados.

Los bebés humanos sienten a su madre a través de la piel, el oído, el olfato y hasta la vista, solo que esta última tiene determinadas características.

Entonces acaricia a tu hijo en los primeros días para que crezca más fuerte

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7. Prólogo del libro "Educación natural para tu hijo"

Por la Lic. María Cristina Galán, psicoanalista especializada en problemas adolescentes tales como bulimia y anorexia.

Este libro da cuenta de una forma nueva y a la vez innata de educar a nuestros hijos o como docentes en algún aspecto de la vida, y lo hace de una forma clara y sencilla mediante el paralelismo con el mundo animal.

Ya Claparede (citado por Piaget) decía que "en la formación de maestros se debería reservar un tiempo suficiente para ejercicios de amaestramiento de animales, ya que, cuando la doma fracasa, el experimentador sabe muy bien que la culpa es suya, mientras que en la educación de los niños, los fracasos se atribuyen siempre a los niños".

Esto debería estar presente en las meditaciones de muchos de los que somos padres o educadores en algún aspecto.

Lo que en realidad hace falta es superar esa noción de culpabilidad ante el fracaso, tanto de parte del padre como del niño; en una palabra desdramatizar el fracaso. Cuando así lo hacemos, la educación fluye naturalmente, es justamente una Educación Natural.

El error estriba en el excesivo temor a fracasar como padres y como hijos, lo que lleva a encerrarse y encerrar asimismo al niño, en una perpetua exigencia de éxito. Y este es el momento en que todos los medios parecen buenos, desde la autoridad al chantaje afectivo, desde el castigo a la recompensa, etc.

Todo ello conduce al niño y al educador, a la ansiedad, el descorazonamiento, al rechazo y al bloqueo emocional.

Hay que confiar en el niño, y si no se consigue lo que se pretendía, no hacer un drama. Únicamente explorar al máximo las respuestas positivas y no encarnizándose en las negativas. Pretender enseñar los beneficios de la paciencia a nuestros hijos empleando para ellos métodos impacientes y en extremo exigentes, parece quedar en ridículo cuando lo contraponemos con el ejemplo que menciona el autor, en el que la madre leona se muestra en extremo paciente al enseñar a cazar a sus cachorros, porque justamente no puede enseñar los beneficios de la paciencia si ella misma no la demuestra en su accionar.

Esta pequeña introducción es para decir que me parece maravilloso lo que el autor en este magnifico libro expresa dando varios tips para tener como guía en este camino que a veces nos parece tan difícil, el camino de educar a nuestros hijos.

Si ustedes me permiten, yo quisiera hacer un paralelismo de lo dicho en este libro con mi experiencia clínica, donde me especializo en anorexia y bulimia, siendo como todos saben una patología grave de la personalidad, en la que el comienzo de toda la historia radica en tres puntos que plantea el índice:

  1. Una mala nutrición afectiva en la primera infancia siempre surge en la adolescencia y adultez
  2. Conviértete en el escudo para tu hijo
  3. Nunca lesiones su orgullo

Estos tres puntos están perfectamente aclarados por el autor, mencionando lo importante de la presencia de la madre y cómo ella al "dejarse comer" por el hijo amamantándolo, equilibra sus angustias, su desequilibrio entre la agresión y el miedo, y detalla de una forma muy didáctica y amena experimentos realizados con monos donde los mismos entre nutrirse y recibir contención y afecto, aunque murieran de hambre, preferían elegir la protección de la madre, mencionando que si el individuo no lo tiene pasa a ser un discapacitado social, anímico, psíquico, con tendencias a todo tipo de desviaciones, desde agresividad a la esquizofrenia, auto agresión y obviamente a cualquier tipo de adicción, entre las cuales yo incluyo a la anorexia y la bulimia.

Es decir, que al igual que los monitos que detalla, el niño queda en un total desamparo, en un rincón, sin poder dormir y relajarse, solo le queda, como bien se menciona, cerrar todos los canales de conexión con el mundo exterior, esto es exactamente lo que hacen estas chicas que padecen el mencionado problema con la comida, y a quienes atiendo a diario en mi consultorio.

Dado que lo que les ha faltado es el afecto, ya no pudiendo comer pues no lo tienen, o bien no pudiendo llenarse de ninguna forma pues es un vacío imposible de llenar. El alimentarse es el primer acto de afecto materno, alimentarse de leche y alimentarse de amor de los padres, y es ese el origen de los trastornos de la alimentación como la anorexia y la bulimia.

Pasan entonces a necesitar tanto de esa madre que son capaces de cualquier cosa con tal de complacerla, aunque en el intento pierdan su posibilidad de "ser" , de ser persona deseosa de vivir y de tener una libertad, sin tanto nivel de exigencia para poder ser exitosa y que la acepten sus padres, digna de merecer el respeto y de tener el derecho a la felicidad, se sienten que no merecen nada pues, a su criterio, se castigan pensando que "si no fueron queridas debe ser porque algo malo habrán hecho".

Por eso son tan importantes los "tips" que menciona el libro como no marcarle sólo los errores sino mencionar y aprobar los aciertos, y cuando hay que poner límites hacerlo con respeto, seguridad y cuidado, pues es la única forma que le da fuerzas para salir al mundo y no quedarse en soledad, encerrado en un mundo donde en teoría "no hay peligro", lo cual es una representación equivoca pues es un poco suicidarse en vida.

Es una forma de no vivir la vida en libertad dando y recibiendo afecto que es el combustible energético de la felicidad. En la medida de que exista el afecto y concomitante confianza en sí mismo, el individuo, como los pequeños monos que menciona el libro, podrá salir a recorrer el entorno sin miedos, explorar, aprender y desarrollarse. Si no es así se transforma en un ser agresivo y con terrores irracionales, con un sentimiento de caos y confusión, no sabiendo dónde está la luz o la salida a ese sufrimiento.

Por tal motivo es importante también ponerle los límites como lo plantea el libro de una forma sencilla, como lo hacen los animales, sin mensajes confusos o contradictorios. Por lo tanto los convoco a una reflexión profunda de lo que estamos haciendo con nuestros hijos a quienes debemos proteger. Muchas veces cometemos el error de estar preocupados por muchas cosas nuestras, falta de tiempo, dinero , enfermedades etc. y perdemos la comunicación o la posibilidad de observar estos detalles fundamentales en la formación primaria de los niños y luego es muy difícil revertirlo a través de los años, quedando secuelas muy complejas de soslayar.

Por lo tanto para concluir es fundamental la aplicación de reglas que dan un orden y entender que todo pasa por lo afectivo y por el contacto físico, con el abrazo y con la comunicación de una forma clara como lo plantea este hermoso libro. Es muy aconsejable para todos aquellos padres primerizos.

Con sólo observar la conducta animal tiene las respuestas a muchas dudas para actuar, como menciona esta publicación, de una forma instintiva y con todo el amor que uno tiene, y no lo dudo, para nuestros hijos.

Para concluir yo les aseguro como profesional especializada en este específico tema de nuestros adolescentes, que para prevenir los problemas de adicciones tienen todas las respuestas en este libro y espero que los pueda ayudar a guiar a los seres que uno más quiere. Les deseo lo mejor.

Maria Cristina Galán

María Cristina Galán es una prestigiosa profesional que se especializa en problemas de adolescentes, fundamentalmente en anorexia y bulimia.

8. Invitación para profundizar en el tema

Todo lo vertido en este pequeño curso fue extraído del libro "Educación Natural para Tu Hijo".

"Educación Natural para Tu Hijo" va camino a convertirse en un best seller. Puedes evaluar los motivos solicitando en préstamo y sin ningún compromiso, un ejemplar para descargar de inmediato. Como usuario de AulaFacil.com estás invitado a hacerlo desde aquí.

http://www.educacionnatural.com.ar/

Solo deberás llenar un box con tu nombre de pila y tu e-mail, luego revisas tu casilla y encontrarás un correo desde el que podrás descargarte en minutos el libro y comenzar a enterarte porqué ha cautivado a tantas personas de todas partes del mundo con sus revelaciones.

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